lunes, 15 de abril de 2013

LA FUERZA DE LAS CREENCIAS



Suena insólito, pero el paracaídas se inventó más de un siglo antes que el avión. En 1785, el francés Jean Pierre Blanchard construyó el primer paracaídas con cúpula de seda ¡y se podía empacar! Las ideas sobre este útil artefacto venían de los chinos, Da Vinci y otros creativos. El paracaídas es un buen símbolo de las creencias, porque se necesita una fe firme para confiar y saltar al vacío. Por eso, dicen que lo ideal es que cada persona doble su paracaídas y esté seguro de que todo está bien.

Sin embargo, la duda se asoma por algún resquicio y tener fe es dominarla e ir más allá. La fe no es de certezas, no, se mueve en el vasto espacio de la incertidumbre. Creer es aplacar la duda y el miedo con una firme confianza en ti, en Dios y en los otros, o sea una fe triple.

Hoy, es un buen día para que examines si te mueven creencias motivadoras o te frenan creencias limitantes. De tu sistema de creencias depende todo lo que haces o dejas de hacer. Una fuente de energía para reforzar las creencias positivas es repetir con frecuencia afirmaciones como esta: "Dentro de mí están las respuestas que busco afuera, porque Dios siempre mora en mi corazón".

Lo que necesito es aquietarme y cifrar mi felicidad en ser, no en tener; en servir, no en dominar. Mi vida es una aventura fascinante si cuento mis dones, me amo y acepto a todos como son.

Hay tropiezos y días tormentosos; sin embargo, lo que veo como un mal es solo una oportunidad y una lección. Como dice el tenor Andrea Bocelli: "la ceguera me ha enseñado muchas cosas y no es un castigo, sino un reto". Es cierto, gracias a la noche apreciamos el día, y las plantas son más fuertes si hallan resistencia.

Decido quererme, expulso las dudas y las quejas, y encuentro gozo en una gratitud constante. Estoy en paz con Dios y con la vida, el amor es mi riqueza, y el servicio, mi alegría.

Asimila algo sabio de una tribu norteamericana: "elige bien qué historia cuentas de tu vida, porque eso será lo que vivirás". Según esa sapiencia, lo que tú vives contando de ti mismo es lo que termina haciéndose realidad. Esto llama mucho la atención, ya que es lo mismo que dice la neurolingüística sobre las metáforas de la vida.

Terminas siendo el profeta de tu propio existir con base en el símbolo o la metáfora que eliges. Por eso, vive fatigado el que ve la vida como una lucha y vive feliz el que la ve como una gran aventura. Anda enredado el que en todo ve un sacrificio y avanza animoso el que mira la vida como un gran desafío. Siempre estará amargado quien vive diciendo "la vida es tan complicada", injusta o absurda.

Sí, elige bien tu historia y tu metáfora porque te dan una actitud que crea la realidad, como lo muestra una película memorable: La vida es bella.

Dedícate a conocer las creencias que te condicionan, borra las que te bloquean y afianza las que te impulsan. Eres lo que crees, lo que piensas y lo que afirmas.

Gonzalo Gallo G.


 

martes, 19 de marzo de 2013

UN TRIUNFADOR

Cuando un triunfador comete un error, dice: "Yo me equivoque" y aprende la lección.
Cuando un perdedor comete un error, dice: "No fue mi culpa" y se la hecha a otros.


Un triunfador sabe que la adversidad es el mejor de los maestros.
Un perdedor se siente una víctima ante la adversidad.

Un triunfador sabe que el resultado de las cosas depende de él.
Un perdedor cree que la mala suerte sí existe.


Un triunfador trabaja muy fuerte y se genera mas tiempo para sí mismo.
Un perdedor esta siempre "muy ocupado" y no tiene tiempo ni para los suyos.

Un triunfador enfrenta los retos uno a uno.
Un perdedor le da vueltas y no se atreve a intentarlo.

Un triunfador se compromete, da su palabra y la cumple.

Un perdedor hace promesas, no asegura nada y cuando falla solo se justifica.

Un triunfador dice: "Yo soy bueno, pero voy a ser mejor".

Un perdedor dice: "Yo no soy tan malo como lo es mucha otra gente".

Un triunfador escucha, comprende y responde.

Un perdedor solo espera hasta que le toque su turno para hablar.

Un triunfador respeta a aquellos que saben más que él y trata de aprender algo de ellos.

Un perdedor se resiste con aquellos que saben mas que él y solo se fija en sus defectos.

Un triunfador se siente responsable por algo más que su trabajo solamente.

Un perdedor no se compromete y siempre dice, "Yo sólo hago mi trabajo"

Un triunfador dice, "Debe haber una mejor forma de hacerlo..."

Un perdedor dice, "Esta es la manera en que siempre lo hemos hecho".

Un triunfador es parte de la solución.
Un perdedor es parte del problema.


Un triunfador se fija en "cómo se ve la pared en su totalidad".
Un perdedor se fija "en el ladrillo que le toca colocar".


¡Saludos, TRIUNFADOR!

martes, 5 de marzo de 2013

EL PICADOR DE PIEDRA


 
Cuenta la leyenda que un humilde picador de piedra vivía resignado en su pobreza, aunque siempre anhelaba con deseo convertirse en un hombre rico y poderoso. Un buen día expresó en voz alta su deseo y cuál fue su sorpresa cuando vio que éste se había hecho realidad: se había convertido en un rico mercader.

Esto le hizo muy feliz hasta el día que conoció a un hombre aún más rico y poderoso que él. Entonces pidió de nuevo ser así y su deseo le fue también concedido. Al poco tiempo se cercioró de que debido a su condición se había creado muchos enemigos y sintió miedo.

Cuando vio cómo un feroz samurai resolvía las divergencias con sus enemigos, pensó que el manejo magistral de un arte de combate le garantizaría la paz y la indestructibilidad. Así que quiso convertirse en un respetado samurai y así fue.

Sin embargo, aún siendo un temido guerrero, sus enemigos habían aumentado en número y peligrosidad. Un día se sorprendió mirando al sol desde la seguridad de la ventana de su casa y pensó: "él si que es superior, ya que nadie puede hacerle daño y siempre está por encima de todas las cosas. ¡ Quiero ser el sol !".

Cuando logró su propósito, tuvo la mala suerte de que una nube se interpuso en su camino entorpeciendo su visión y pensó que la nube era realmente poderosa y así era como realm
ente le gustaría ser.

Así, se convirtió en nube, pero al ver cómo el viento le arrastraba con su fuerza, la desilusión fue insoportable. Entonces decidió que quería ser viento. Cuando fue viento, observó que aunque soplaba con gran fuerza a una roca, ésta no se movía y pensó: ¡ ella sí que es realmente fuerte: quiero ser una roca ! Al convertirse en roca se sintió invencible porque creía que no existía nada más fuerte que él en todo el universo.

Pero cuál fue su sorpresa al ver que apareció un picador de piedra que tallaba la roca y empezaba a darle la forma que quería pese a su contraria voluntad. Esto le hizo reflexionar y le llevó a pensar que, en definitiva, su condición inicial no era tan mala y que deseaba de nuevo volver a ser el picador de piedra que era en un principio.

lunes, 18 de febrero de 2013

NOSOTROS Y NUESTROS HIJOS





Era miércoles, 8:00 a.m., llegué puntual a la escuela de mi hijo.

- No olviden venir a la reunión, es obligatoria - fue lo que la maestra escribió en el cuaderno del niño.

- ¡Pues qué cree la maestra! ¿Cree que podemos disponer del tiempo a la hora que ella diga? Si supiera qué importante era la reunión que tenía a las 8:30 a.m., de aquí dependía un buen negocio y... ¡tuve que cancelarla!...


Ahí estábamos todos, papás y mamás, la maestra empezó puntual, agradeció nuestra presencia y empezó a hablar. No recuerdo qué dijo, mi mente estaba pensando cómo resolver lo de ése negocio, probablemente podríamos comprar una nueva televisión con el dinero que recibiría.- ¡Juan Rodríguez!... escuché a lo lejos. ¿No está el papá de Juan Rodríguez? dijo la maestra.

- ¡Sí, sí, aquí estoy! Contesté pasando a recibir la boleta de mi hijo. Regresé a mi silla y me dispuse a verla.


- ¿Para esto vine? ¿Qué es esto?...


La boleta estaba llena de seis y sietes. Guardé las calificaciones inmediatamente, escondiéndola para que ninguna persona viera las porquerías de calificaciones de mi hijo.
De regreso a la casa aumentó más mi coraje a la vez que pensaba... ¡si le doy todo! ¡Nada le falta ¡Ahora sí le va a ir muy mal!... Me estacioné y salí del carro, entré a la casa, tiré la puerta y grité:

- ¡Ven acá Juan!
Juan estaba en su recámara y corrió a abrazarme.

- ¡Papi!...


- ¡Qué papi, ni que nada!- Lo retiré de mí, me quité el cinturón y lo castigué dos veces, al mismo tiempo que decía lo que pensaba de él. ¡Y te me vas a tu cuarto! - terminé.


Juan se fue llorando, su cara estaba roja y su boca temblaba.
Mi esposa no dijo nada, solo movió la cabeza negativamente y se fue...Cuando me fui a acostar, ya más tranquilo, mi esposa me entregó otra vez la libreta de calificaciones de Juan, que estaba dentro de mi saco y me dijo: Léela despacio y después toma tu decisión...

Ésta decía así:
Boleta de calificaciones para el papá


TIEMPO QUE LE DEDICA A SU HIJO

CALIFICACIÓN

1. En conversar con él a la hora de dormir

6

2. En jugar con él

6

3. En ayudarlo a hacer su tarea

7

4. En salir de paseo en familia

6

5. En contarle un cuento antes de dormir

6

6. En abrazarlo y besarlo

6

7. En ver televisión con él

7

- ¡Él me había puesto seis y sietes, a mí! Yo me hubiese calificado con menos de cinco... Me levanté y corrí a la habitación de mi hijo, lo abracé y lloré... Quería regresar el tiempo, pero era imposible...

Juanito abrió sus ojos, aún estaban hinchados por sus lágrimas, me sonrió, me abrazó y me dijo:

- ¡Te quiero papi! Cerró sus ojos y se durmió.



PUESTO DE VENTA

Erase una vez un hombre que vivía muy cerca de un importante cruce de caminos. Todos los días a primera hora de la mañana llegaba hasta allí donde instalaba un puesto rodante en el cual vendía bocadillos que él mismo horneaba.

Era sordo, por lo tanto no escuchaba la radio, no veía muy bien.
Entonces ni un solo día leía diarios, ni veía televisión pero eso si... vendía exquisitos bocadillos.

Meses después alquiló un terreno, levantó un gran letrero de colores y personalmente seguía pregonando su mercancía, gritando a todo pulmón: ¡Compre deliciosos bocadillos calientes! Y la gente compraba cada día más y más.

Aumentó la compra de insumos, alquiló un terreno más grande y mejor ubicado y sus ventas se incrementaron día a día. Su fama aumentaba y su trabajo era tanto que decidió llamar a su hijo, un importante empresario de una gran ciudad, para que lo ayudara a llevar el negocio.

Al llamado del padre su hijo respondió: ¿Pero papá, no escuchas la radio, ni lees los periódicos, ni ves televisión? Este país está atravesando una gran crisis, la situación es muy mala, no podría ser peor.

El padre pensó: ¡Mi hijo trabaja en una gran ciudad lee los periódicos y escucha la radio, tiene contactos importantes... debe saber de lo que habla!

Así que revisó sus costos, compró menos pan y disminuyó la compra de cada uno de los ingredientes, dejando de promocionar su producto. Su fama y sus ventas comenzaron a caer semana a semana.

Tiempo después desmontó el letrero y devolvió el terreno. Aquella mañana llamó a su hijo y le dijo:

-¡Tenías mucha razón, verdaderamente estamos atravesando una gran crisis!

EL BARQUERO INCULTO

Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río de una a otra orilla tomo una barca. Valiente y sumiso, el barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surco el cielo y el joven pregunto al barquero:

- Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?
- No, señor - repuso el barquero
- Entonces, amigo has perdido la cuarta parte de tu vida.

Pasados unos minutos, la barca se deslizo junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven pregunto al barquero:

- Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?
- No señor, no sé nada de plantas.
- Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida - comentó el petulante joven.

El barquero seguía remando pacientemente. El sol del mediodía se reflejaba luminosamente sobre las aguas del río. Entonces el joven preguntó:

- Sin duda, barquero, llevas muchos años deslizándote por las aguas. ¿Sabes por cierto, algo de la naturaleza del agua?
- No señor, nada sé al respecto. No sé nada de estas aguas ni de otras.
- ¡Oh, amigo! exclamó el joven-. De verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida.

Súbitamente la barca comenzó a hacer agua. No había forma de achicar tanta agua y la barca comenzó a hundirse. El barquero preguntó al joven:

- ¿Señor, sabes nadar?
- No, repuso el joven.
- Pues me temo señor que has perdido toda tu vida.

ALGO MUY GRAVE SUCEDERÁ EN ESTE PUEBLO...

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno con una expresión de preocupación en su rostro. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

- No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.


El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

- Te apuesto un peso a que no la haces. Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Y él contesta:

- Es cierto, pero me he quedado preocupado por algo que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a sucederle a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ganó su peso regresa a casa, donde está con su mamá. Feliz con su dinero dice:- Le gané este peso a Dámaso de la forma más sencilla porque es un tonto.

- ¿Y por qué es un tonto?
- Porque no pudo hacer una carambola sencillísima preocupado porque su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.


Y su madre le dice:

- No te burles de los presentimientos de los mayores porque a veces se hacen realidad...

Una pariente oye esto y va a comprar carne. Le pide al carnicero:

- Deme un kilo de carne.

Y en el momento que la está cortando, le dice:

- Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar le dice:

- Mejor lleve dos kilos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la señora responde:

- Tengo varios hijos, mejor deme cuatro kilos...

Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor.
Llega un momento en que toda la gente en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde alguien dice:

- ¿Se han dado cuenta del calor que está haciendo?
- ¡Pero si en este pueblo siempre hizo calor! Tanto calor que los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.
- Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca hizo tanto calor.
- Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor.
- Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: "Hay un pajarito en la plaza". Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.

- Pero señores, siempre hay pajaritos que bajan.
- Sí, pero nunca a esta hora. Es tal la tensión de los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
- Yo que soy muy macho -grita uno- Me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve. Hasta que los demás dicen:

- Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos. Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

- Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa, y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presentimiento y le dice a su hijo:

- ¿Viste mi hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?.

Este cuento fue narrado verbalmente, -y grabado-, en un Congreso de escritores por Gabriel García Márquez: "Para que vean cómo cambia cuando lo escriba", y fue publicado por la Revista Mexicana El Cuento.


REFLEXIONEMOS

¿Te imaginaste en la historia? Estamos en ella todos los días desde hace un tiempo. El efecto "bola de nieve" creo que hoy lo conocemos todos. Una persona puede ser generadora de una idea magnífica como así también ser el primer eslabón de una cadena que lleve a los demás a un estado de pánico o a un estallido general.

El hombre debe pensar antes de hablar y el receptor debe aprender también a escuchar. En la actualidad tanto el hombre como los medios de comunicación suelen atraer al público no por mostrar lo bello o el lado positivo de la vida, sino todo lo contrario. De un granito de arena en contados minutos nos encontramos con un médano. Sucede en la familia, en los trabajos y hoy lo vemos en los países en crisis.

Hay algo que debemos aprender de todo esto: El efecto "bola de nieve" es peligroso cuando el copo que dio lugar a la bola apunta a algo negativo. Si no tomamos ese copo, si lo desechamos antes de darle curso podemos salvar a otros de su efecto y salvarnos.

La mente es un arma poderosa. Desde diferentes medios hoy estamos expuestos a recibir información que además de desarmonizarnos, nos llenan de incertidumbre, de temor y de miedo.


Hoy más que nunca el hombre debe protegerse, debe cerrarse ante los comentarios malintencionados, debe aprender a no dejar que las malas noticias lo invadan y por sobre todo debe aprender a no temer, a no actuar en masa, a no dejarse llevar por las ideas de otro si no está de acuerdo con ellas.La mejor manera de combatir el mal, es un enérgico progreso en el sentido del bien... entonces... ¿Por qué dejamos que un copo de nieve se sume a otro y a otro y a otro si sabemos que con esa bola de nieve solo vamos a lograr algo negativo? No será hoy el momento de cambiar y de aplicar esa frase que encierra el gran secreto de cómo construir un mundo mejor.

En la familia, en los trabajos, en los países y por sobre todo en la vida hagamos crecer una bola de nieve pero que lleve paz, amor y sobre todo estrellas de esperanza para que a su paso todo se ilumine y el hombre sea cada día mejor.
Verónica Pontoriero

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