jueves, 22 de enero de 2015

Recuerdos de la vida

Tengo muchos recuerdos de mi padre y de cómo crecí a su lado en nuestro departamento junto a las vías del tren elevado. Durante veinte años oímos el rugido del convoy cuando pasaba por la ventana de su dormitorio.

De noche, tarde, papá esperaba solo en las vías el tren que lo llevaba a su empleo en la fábrica, donde trabajaba en el turno de medianoche.

Esa noche en particular, esperé con él en la oscuridad para despedirlo. Su rostro estaba triste. Su hijo menor, es decir yo, había sido reclutado. Le tomarían juramento a la mañana siguiente a las seis, mientras él estaba en su máquina de cortar papel en la fábrica.

Mi padre había hablado de su rabia. No quería que “ellos” se llevaran a su hijo de sólo diecinueve años, que nunca había bebido o fumado un cigarrillo, a pelear en una guerra en Europa. Puso sus manos en mis delgados hombros.

-Ten cuidado, Jorge, y si alguna vez necesitas algo, escríbeme y me ocuparé de que lo consigas.

De pronto oímos el rugido del tren que se aproximaba. Me abrazó con fuerza y me besó suavemente en la mejilla. Con los ojos llenos de lágrimas murmuró:

- Te quiero, hijo mío.

Entonces llegó el tren, las puertas lo encerraron dentro y desapareció en la noche. Un mes más tarde, a los cuarenta y seis años, mi padre murió. Tengo setenta y seis en el momento de sentarme a escribir esto. Una vez oí a Pete Hamill, el periodista de Nueva York, decir que los recuerdos son la mayor herencia de un hombre, y tengo que coincidir con él. Sobreviví a cuatro invasiones en la Segunda Guerra Mundial. He tenido una vida llena de todo tipo de experiencias. Pero el único recuerdo que permanece es el de aquella noche en que mi papá me dijo:

“Te quiero, hijo mío”

La naturaleza de la mente

Se trataba de un hombre que llevaba muchas horas viajando a pie y estaba realmente cansado y sudoroso bajo el implacable sol de la India. Extenuado y sin poder dar un paso más, se echó a descansar bajo un frondoso árbol. El suelo estaba duro y el hombre pensó en lo agradable que sería disponer de una cama. Resulta que aquél era un árbol celestial de los que conceden los deseos de los pensamientos y los hacen realidad. Así es que al punto apareció una confortable cama.

El hombre se echó sobre ella y estaba disfrutando en el mullido lecho cuando pensó en lo placentero que resultaría que una joven le diera masaje en sus fatigadas piernas. Al momento apareció una bellísima joven que comenzó a procurarle un delicioso masaje. Bien descansado, sintió hambre y pensó en qué grato sería poder degustar una sabrosa y opípara comida. En el acto aparecieron ante él los más suculentos manjares. El hombre comió hasta saciarse y se sentía muy dichoso. De repente le asaltó un pensamiento: “!Mira que si ahora un tigre me atacase!” Apareció un tigre y lo devoró.

Moraleja

Cambiante y descontrolada es la naturaleza de la mente. Aplícate a conocerla y dominarla y disiparás para siempre el peor de los tigres: el que mora dentro de ella misma.

Fuente: http://www.taringa.net



Realmente para pensar

¿Has oído hablar de los sobrevivientes de los Andes?. De las 45 personas que iban en el avión, 12 murieron en el accidente (entre ellas la madre de Fernando Parrado); 5 murieron al otro día, y a los 8 días muere Susana Parrado (hermana de Fernando), debido a sus lesiones.

A los 16 días, una avalancha se llevó la vida de ocho más, y dos jóvenes murieron a mediados de noviembre por las infecciones de sus lesiones. Los demás, completaron 72 días en la montaña, hasta que fueron rescatados.
¿Qué conferencista logra hoy colmar un auditorio de 2,500 ejecutivos y empresarios, muchos con sus mujeres e hijos, y hablar durante una hora y media sin que nadie pierda detalle del tema?

Fernando Parrado, uno de los 16 sobrevivientes de la tragedia de los Andes, a 36 años de aquella historia que asombró al mundo, consiguió hace algunos meses más que eso: Conmover a un foro de negocios y capacitación empresarial al transmitir las simples moralejas que le dejaron vivir 72 días en plena Cordillera sin agua ni comida.

En su conferencia que dio: Su presentación, un monólogo sin golpes bajos, acompañado por vídeos e imágenes de la montaña, tuvo dos etapas bien diferentes.

En la primera narró, con un relato íntimo repleto de anécdotas, los momentos que lo marcaron de aquella odisea a 4,000 metros de altura en la que perdió a buena parte de sus amigos, además de su madre y su hermana.

“¿Cómo es posible sobrevivir donde no se sobrevive?”, se preguntó. “Sobrevivimos porque hubo liderazgos, toma de decisiones y espíritu de equipo, porque nos conocíamos desde mucho antes”, dijo. Y arrojó un primer disparador. "En la vida el factor suerte es fundamental”.

Cuando llegué al aeropuerto de Montevideo no daban número de asiento para el avión. A mí me tocó, de casualidad, la fila 9, junto a mi mejor amigo. Cuando el avión chocó en la montaña, se partió en dos. De la fila 9 para atrás no quedó nada. Los 29 sobrevivientes al primer impacto viajaban en la parte que quedó a salvo.” De ellos, dijo, 24 no sufrieron un rasguño.

Así, los menos golpeados empezaron a ayudar, actuando como un verdadero equipo. Administramos barritas de chocolate y maní al punto de comer un grano por horas cada uno. Marcelo, nuestro capitán y líder, asumió su rol para contenernos cuando le preguntábamos qué pasaba porque no llegaba el rescate. Decidimos aguantar.” Pero días después el líder se desmoronó. La radio trajo la noticia de que había concluido el rescate. 
¿Cómo hubieran reaccionado ustedes?” El líder se quiebra, se deprime y deja de serlo.
“Imagínense que yo cierro esta sala, bajo la temperatura a 14 grados sin agua ni comida a esperar quién muere primero.” Se hizo un silencio estremecedor de la primera a la última fila. “Ahí me di cuenta de que al universo no le importa qué nos pasa. Mañana saldrá el sol y se pondrá como siempre. Por lo tanto, tuvimos que tomar decisiones.”

En la noche 12 o 13 nos dijimos con uno de los chicos: ¿Qué estás pensando?. “Lo mismo que vos. Tenemos que comer, y las proteínas están en los cuerpos”. Hicimos un pacto entre nosotros, era la nica opción. Nos enfrentamos a una verdad cruda e inhumana.
 
Desde la primera fila, decenas de chicos llevados por sus padres escuchaban boquiabiertos. Parrado apeló a conceptos típicos del mundo empresarial.

“Hubo planificación, estrategia, desarrollo”. Cada uno empezó a hacer algo útil, que nos ayudara a seguir vivos: zapatos, bastones, pequeñas expediciones humanas.

Fuimos conociendo nuestra prisión de hielo. “Hasta que me eligieron para la expedición final, porque la montaña nos estaba matando, nos debilitaba, se nos acababa la comida. Subí aterrado a la cima de la montaña con Roberto Canessa. Pensábamos ver desde allí los valles verdes de Chile y nos encontramos con nieve y montañas a 360 grados. Ahí decidí que moriría caminando hacia algún lugar.”

Entonces sobrevino el momento más inesperado. Pero... "Esta no es la historia que vine a contar", avisó. Y contó que su verdadera historia empezó al regresar a su casa, sin su madre ni su hermana, sin sus amigos de la infancia y con su padre con una nueva pareja.

¿Crisis? ¿De qué crisis me hablan? ¿Estrés? ¿Qué estrés? Estrés es estar muerto a 4,000 metros de altura sin agua ni comida, enfatizó.
 
“Hay que pasar por una cosa así para darse cuenta de la diferencia entre lo importante y lo que no lo es. En general, me siento distinto en la percepción de los problemas del día a día: la gente se complica, yo me volví bastante simple”.

Recordó un diálogo fundamental que tuvo con su padre, que le dijo: “Mira para adelante, anda tras esa chica que te gusta, ten una vida, trabaja. Yo cometí el error de no decirle a tu madre tantas cosas por estar tan ocupado, de no compartir tantas festividades con tu hermana, no darme el tiempo de platicar con ellas mis vivencias, no decirles cuanto las amaba”.

Y cerró, determinado: “Las empresas son importantes, el trabajo lo es, pero lo verdaderamente valioso está en casa después de trabajar: la familia.
“Mi vida cambió, pero lo más valioso que perdí fue ese hogar que ya no existía al regresar. No se olviden de quien tienen al lado, porque no saben lo que va a pasar mañana”.
Una interminable ovación lo despidió de pie.

"NINGÚN ÉXITO EN LA VIDA, JUSTIFICA EL FRACASO EN LA FAMILIA". Si TÚ tienes un cálido hogar, piensa al igual que yo: ¡Eres una persona con suerte! Te tocó de la fila 9 hacia adelante, y créeme... la mayoría viaja de la 9 para atrás.

Ser responsable de tu Vida

En un lugar de la India existió un gran maestro, todos sus alumnos estaban encantados de estar con él porque estaban aprendiendo muchísimo, todo lo que le preguntaban él lo sabía.
Pasó el tiempo y esos mismos alumnos estaban cansados y molestos, se empezaron a preguntar qué era lo les estaba pasando y descubrieron que estaban hartos del gran maestro ya que todo lo sabía y lo que ellos querían era burlarse de él.

Decidieron entre todos que para sentirse bien, lo que podían hacer era preguntarle algo que él no supiera. "¡Si! dijeron todos al unísono". ¿Pero qué le podrían preguntar que él no supiera?

Después de mucho pensar, uno de ellos dijo:

- "¡Ya sé! vamos al bosque, buscamos un pajarito, lo ponemos entre nuestras manos, quitamos cualquier rastro para que no sepa de qué se trata, vamos ante él y le preguntamos: "Maestro ¿qué tengo entre mis manos? y lo más seguro es que no sepa"
 
- "Un momento" dijo otro que estaba escuchando atentamente, "y que tal si sabe la respuesta" todos se dieron cuenta que podía suceder y decidieron irse nuevamente a pensar. Después de un rato uno de ellos dijo:

- "Si nos dice...¡un pajarito! le decimos, que sí, pero...¿está vivo o está muerto?"

- "Si nos dice...¡está vivo! le aplastamos la cabecita y lo dejamos caer y ahí nos burlamos de él."
"Si nos dice que está muerto, simplemente abrimos las manos y cuando vuele soltamos la risa."
"¡Manos a la obra!" dijeron todos y se fueron al bosque, buscaron al pajarito, lo pusieron entre sus manos, se quitaron el rastro y fueron ante el gran maestro. El que llevaba el pajarito le dijo:

- "Maestro ¿te puedo hacer una pregunta?

- El maestro le contestó: "claro que sí"

- "¿Qué tengo entre mis manos?

El maestro observó y con voz serena le dijo:

- "Es obvio...un pájaro"

El muchacho sintió que le temblaban las piernas, tomó aire y le dijo:

- "¡Sí! pero ¿está vivo o está muerto?"

El gran maestro permaneció en silencio durante unos instantes. Se agachó hasta quedar a la misma altura del muchacho y le dijo: "La vida que sostienes está en tus manos" . Y es así como debemos asumir la responsabilidad de nuestras vidas...¡está en nuestras manos!

Cosas para recordar cuando todo va mal



La verdad sea dicha, la felicidad no es la ausencia de problemas, sino la capacidad de lidiar con ellos. Imagínese todas las cosas maravillosas que su mente podría abrazar si no estuviera envuelto con tanta fuerza alrededor de sus luchas.

Fíjese siempre en lo que tiene, en lugar de lo que ha perdido. Porque no es lo que el mundo lleva lejos de ti lo que cuenta, es lo que haces con lo que te queda.

Aquí están algunos recordatorios para ayudarlo a motivar cuando más lo necesita:

El dolor es parte del crecimiento

En ocasiones la vida cierra algunas de sus puertas, porque es hora de seguir adelante; Y eso se convierte en una buena señal, porque a menudo no nos movemos a menos que las circunstancias nos obliguen hacerlo. Cuando los tiempos son difíciles, hay que recordar que no hay un dolor que venga acompañado de una buena enseñanza.

No solo porque se cae una vez durante la lucha, significa que estás fallando. Todo gran éxito requiere de toda una batalla digna para que pueda llegar a su fin.

Las cosas buenas se toman su tiempo, mantenerse paciente es una actitud positiva hará que todo salga bien aunque las cosas no sucedan de inmediato y necesiten de su tiempo. Recuerde que hay dos tipos de dolor: “el dolor que duele y el dolor que te cambia”; hay que tener siempre presente esto para que nunca ruedes con la vida sino que resistas en ella.

Todo en la vida es temporal

Cada vez que llueve en algún momento para, cada vez que te hacen daño siempre sanaras, después de la oscuridad siempre existirá una luz; hay que recordar esto todas las mañanas al despertar, porque por más que se piensa que la noche es eterna, nada dura para siempre y a su vez amanecerá.

Ahora si las cosas se encuentran bien disfruta de ellas, seguramente ese equilibrio no va a durar para siempre en tu vida, de igual manera si las cosas están mal en este momento tampoco va a durar eternidades esta situación. El hecho de que la vida no sea fácil en algunas circunstancias no quiere decir que nos olvidemos de sonreír, cada momento te da un nuevo comienzo y nuevo final. De seguro tendrás una segunda oportunidad, solo hay que tomar lo mejor de cada día y lo demás dejarlo pasar.

Preocuparse y quejarse no cambia nada

Las personas que se quejan constantemente nunca logran nada en su vida. Siempre es mejor tratar de hacer algo grande y fracasar que tratar de no hacer nada y tener éxito. Realmente las cosas terminan cuando las personas se quejan sin parar. Si realmente se cree en algo, hay que seguir intentándolo, no hay que dejar que las sombras del pasado oscurezcan las puertas que van dirigidas hacia su futuro.

Hoy, el ayer se queda atrás, el mañana siempre será más brillante que el hoy, el verdadero cambio es nunca mirar atrás ni arrepentirse de lo vivido, menos de lo aprendido. Recuerde siempre que la verdadera felicidad comienza a llegar solo cuando dejes de quejarte de tus problemas y empieces a ser agradecido por todos los problemas que tú no tienes.

Tus cicatrices son el símbolo de tu fuerza

Nunca te avergüences de las cicatrices que la vida te ha dejado. Una cicatriz significa un dolor que ya se sano, significa la conquista del dolor, una lección aprendida, el cual te hace más fuerte y te lleva a tu presente. Una cicatriz es el tatuaje del triunfo del cual tenemos que estar orgullosos; lo que no debemos permitir es que esa cicatriz nos convierta en su rehén, que llene la vida de miedos, siempre hay que tener claro que las cicatrices desaparecen o se transforman, el punto está en ver tus cicatrices como un signo de fortaleza y no de dolor.

Rumi dijo una vez: "La herida es el lugar donde la luz entra". Nada podría estar más cerca de la verdad que estas palabras, la fuerza del sufrimiento ha emergido de las almas más fuertes de aquellos personajes poderosos del mundo los cuales usaron sus cicatrices para salir victoriosos de todas sus batallas, las vieron como una señal de sobrevivencia y las portan orgullosos para probar que así fue, Ahora tengo la oportunidad de crecer más fuerte!

Cada pequeña lucha es un paso adelante

En la vida la paciencia no se trata de esperar, es tener la capacidad de mantener una buena actitud mientras se trabaja duro en sus sueños, sabiendo que ese trabajo valdrá la pena. Así que si se vas a correr el riesgo hay que poner todo el tiempo necesario para recorrer todo el camino, de lo contrario es mejor ni siquiera tener un punto de inicio, muchas veces luchar por algo significa perder la estabilidad de la vida, la comodidad de tu tiempo, podría significar no comer lo que quieres, no dormir donde lo deseas.

Podría significar renunciar a tu zona de confort, sacrificar relaciones; aceptando posibles burlas y asumiendo un montón de tiempo a solas, esa soledad que nos ayudara a construir grandes cosas si se le da el espacio que necesita; todo lo demás acompañado de una determinación contundente para llegar a donde realmente quieres. Y si lo quieres lo vas hacer a pesar del fracaso, del rechazo y de las posibilidades; cada paso se sentirá mejor que cualquier otra cosa que se pueda imaginar, te darás cuenta que la lucha no se encuentra en el camino si no que es el camino a la felicidad. Vale la pena ir hasta el final no hay mejor sensación que lo haga sentir más vivo que batallar, a pesar del fracaso, del rechazo y de las posibilidades.

Negatividad de otras personas no es su problema

Se positivo cuando la negatividad te rodea, sonríe cuando otros traten de acabar contigo; es una manera fácil de mantener el entusiasmo y el enfoque cuando otras personas traten de cambiarlo, sigue siempre siendo tu. Nunca dejes que la amargura de otra persona cambie tu ánimo y la regla de oro para lograr esto es no tomar las cosas demasiado personales, aunque parezcan serlo; rara vez la gente hace cosas por ti, las hacen por causa de ellos mismos.

Por encima de todo, nunca hay que cambiar para impresionar a alguien que dice que no eres lo suficientemente bueno para él, los cambios que realmente impresionan y deslumbran suceden cuando cambias para ser una mejor persona, para llevarte a un mejor futuro. Siempre la gente habla de los que haces bien y de lo que se haces mal, así que es mejor preocuparte por ti mismo antes de preocuparte por lo que puedan pensar los demás. Si se cree en algo no hay porque tener miedo a luchar por eso con gran fuerza así otros piensen que es imposible.

Lo mejor que puedes hacer es seguir adelante

No tengas miedo de pedir una copia de seguridad para intentarlo de nuevo, para volver a amar, a vivir, para soñar; no permitas que una dura elección endurezca tu corazón; las mejores lecciones de la vida son aprendidas en nuestros peores momentos y salen de los errores más grandes. A veces hay que pasar por lo peor para llegar a lo mejor.

Si, la vida puede ser muy difícil pero debemos encontrar la fuerza para reír todos los días, encontrar en coraje para sentirse bello, así harás sonreír a los demás también, no hay que estresarse por las cosas que no se pueden cambiar, hay que vivir con sencillez, amar con generosidad, hablar con la verdad, trabajar con diligencia y seguir creciendo día a día.
Despierta cada mañana y haz lo mejor para seguir estas tareas diarias:
  1. Piense positivamente.
  2. Coma Sano.
  3. Realiza ejercicio diariamente.
  4. Preocúpate menos y disfruta más.
  5. Trabaja duro.
  6. Sonríe Siempre.
  7. Duerme bien.
Fuente: Marc and Angel Hack Life

La última pregunta




Durante mi último curso en la escuela, nuestro profesor nos puso un examen. Leí rápidamente todas las preguntas, hasta que llegué a la ultima, que decía así:

- ¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?

Seguramente era una broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Era alta, cabello oscuro, como de cincuenta anos, pero... ¿cómo iba yo a saber su nombre? Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco. Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen.

- Por supuesto, dijo el profesor. En sus vidas ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Todas merecen su atención y cuidado, aunque solo les sonrían y digan: !Hola!

- Yo nunca olvidé esa lección. También aprendí que su nombre era Dorothy.


El fabricante de calderas




El fabricante de calderas fue contratado para arreglar un enorme sistema de calderas de un buque a vapor que estaba funcionando mal. Luego de escuchar de boca del ingeniero la descripción de los problemas y hacer unas pocas preguntas, se dirigió a la caldera.

Durante algunos minutos observó todas esas cañerías enroscadas, escuchó su golpeteo y el silbido que se escapaba y palpó algunas cañerías con su mano. Luego, mientras tarareaba suavemente una canción, introdujo la mano en su bolsillo y sacó un pequeño martillo con el cual golpeó una válvula una vez. Inmediatamente el sistema entero empezó a trabajar perfectamente y el calderero se fue a su casa.

Cuando el dueño del barco recibió una factura por mil dólares se quejó ante el calderero que había estado en la sala de máquinas únicamente 15 minutos y le pidió una factura detallada. Esto es lo que el calderero le envió:

Por golpear con el martillo        0,50 US
Por saber donde golpear        999,50 US
Total                                      1000,00 US

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