viernes, 30 de enero de 2015

Te Deseo



Te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado. Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes rencores. Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar. 

Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien puedas confiar sin dudar. Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas. Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil, más no insustituible. Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie. Igualmente, te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste. No todo el año, sino apenas un día. Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un gato, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, sentirás bien por nada. Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuántas vidas esta hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico. Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero frente a ti y digas: "Esto es mío", sólo para que quede claro quien es el dueño de quien.

Te deseo también que ninguno de tus afectos muera, pero que si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable. Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer, y que siendo mujer, tengas un buen hombre, mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes, hablen sobre amor para recomenzar. Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo más nada que desearte.

Víctor Hugo

martes, 27 de enero de 2015

El temor a perder

















Un sultán decidió hacer un viaje en barco con algunos de sus mejores cortesanos. Se embarcaron en el puerto de Dubai y zarparon en dirección al mar abierto.

Entretanto, en cuanto el navío se alejó de tierra, uno de los súbditos, que jamás había visto el mar y había pasado la mayor parte de su vida en las montañas, comenzó a tener un ataque de pánico.

Sentado en la bodega de la nave, lloraba, gritaba y se negaba a comer o a dormir. Todos procuraban calmarlo, diciéndole que el viaje no era tan peligroso, pero aunque las palabras llegasen a sus oídos no llegaban a su corazón.

El sultán no sabía qué hacer, y el hermoso viaje por aguas tranquilas y cielo azul se transformó en un tormento para los pasajeros y la tripulación.

Pasaron dos días sin que nadie pudiese dormir con los gritos del hombre. El sultán ya estaba a punto de mandar volver al puerto cuando uno de sus ministros, conocido por su sabiduría, se le aproximó:

- Si su alteza me da permiso, yo conseguiré calmarlo.

Sin dudar un instante, el sultán le respondió que no sólo se lo permitía, sino que sería recompensado si conseguía solucionar el problema.

El sabio entonces pidió que tirasen al hombre al mar. En el momento, contentos de que esa pesadilla fuera a terminar, un grupo de tripulantes agarró al hombre que se debatía en la bodega y lo tiraron al agua.

El cortesano comenzó a debatirse, se hundió, tragó agua salada, volvió a la superficie, gritó más fuerte aún, se volvió a hundir y de nuevo consiguió reflotar. En ese momento, el ministro pidió que lo alzasen nuevamente hasta la cubierta del barco.

A partir de aquel episodio, nadie volvió a escuchar jamás cualquier queja del hombre, que pasó el resto del viaje en silencio, llegando incluso a comentar con uno de los pasajeros que nunca había visto nada tan bello como el cielo y el mar unidos en el horizonte.
 
El viaje, que antes era un tormento para todos los que se encontraban en el barco, se transformó en una experiencia de armonía y tranquilidad.

Poco antes de regresar al puerto, el sultán fue a buscar al ministro:

- ¿Cómo podías adivinar que arrojando a aquel pobre hombre al mar se calmaría?
 
- Por causa de mi matrimonio -respondió el ministro-. Yo vivía aterrorizado con la idea de perder a mi mujer, y mis celos eran tan grandes que no paraba de llorar y gritar como este hombre.

Un día ella no aguantó más y me abandonó, y yo pude sentir lo terrible que sería la vida sin ella. Sólo regresó después de prometerle que jamás volvería a atormentarla con mis miedos.

De la misma manera, este hombre jamás había probado el agua salada y jamás se había dado cuenta de la agonía de un hombre a punto de ahogarse. Tras conocer eso, entendió perfectamente lo maravilloso que es sentir las tablas del barco bajo sus pies.

- Sabia actitud – comentó el sultán.

Moraleja: Ciertas personas sólo consiguen valorar lo que tienen cuando experimentan la sensación de su pérdida.

jueves, 22 de enero de 2015

Te deseo lo suficiente...



Hace poco tiempo cuando estaba en el aeropuerto escuché por casualidad a una madre e hija que se estaban despidiendo. Cuando anunciaron la partida del vuelo ellas se abrazaron y la madre dijo:

-  "Te amo y te deseo lo suficiente".

La hija respondió:

- Madre, nuestras vidas juntas ha sido más que suficiente. Tu amor es todo lo que he necesitado. También te deseo lo suficiente.

Ellas se saludaron con un beso y la hija partió. La madre pasó muy cerca de donde yo estaba sentada y noté que ella necesitaba llorar. Traté de no observarla para no invadir su privacidad, pero ella se dirigió hacia mí y me preguntó:

- ¿ Alguna vez se ha despedido de alguien sabiendo que era para siempre?.

- Sí, lo he hecho - respondí.

- Perdón por preguntar - contesté -, pero ¿por qué esta despedida es para siempre?

- Yo soy una mujer vieja y ella vive muy lejos de aquí. La realidad es que su próximo viaje será para mi funeral, dijo.

- Cuando se despidió de ella escuché que le dijo "te deseo lo suficiente". ¿A qué se refiere?
Comenzó a sonreír.

- Eso es un deseo que hemos transmitido de generación en generación. Mis padres solían decirlo. Ella hizo una pausa y miró hacia arriba como si tratara de recordarlo en detalle, luego sonrió aún más.

- Cuando decimos "Te deseo lo suficiente", deseamos que la otra persona tenga una vida llena de sólo lo suficientemente bueno para vivir. Entonces, dirigiéndose hacia mí, ella compartió lo siguiente como si lo estuviera recitando de memoria:

Te deseo que tengas suficiente sol para mantener tu espíritu brillante,
Te deseo suficiente lluvia para que aprecies aún más el sol,
Te deseo suficiente felicidad para que tu alma esté viva
Te deseo suficiente dolor para que las pequeñas alegrías de la vida parezcan más grandes
Te deseo que tengas suficientes ganancias que satisfagan tus necesidades
Te deseo suficientes pérdidas para que aprecies todo lo que posees.
Te deseo suficientes bienvenidas para que logres soportar las despedidas.

Luego ella comenzó a llorar y se alejó… 

Se dice que toma un minuto encontrar a una persona especial, una hora en apreciarla, un día para amarla, pero una vida para olvidarla. Toma el tiempo necesario para vivir. 


Fuente: www.comunidad.siemprefeliz.com

Todo pasa por algo...

Algunas veces las personas llegan a nuestras vidas y rápidamente nos damos cuenta de que esto pasa porque debe ser así para servir a un propósito, para enseñar una lección para descubrir quienes somos en realidad, para enseñarnos lo que deseamos alcanzar.

Tu no sabes quienes son estas personas, pero cuando fijas tu ojos en ellos sabes y comprendes que ellos afectarán tu vida de una manera profunda.

Algunas veces te pasan cosas que parecen horribles, dolorosas e injustas, pero después entiendes que si no superas estas cosas no hubieras realizado tu potencial, tu fuerza o el poder de tu corazón.

Todo pasa por una razón en la vida. Nada sucede por casualidad o por la suerte.

Enfermedades, heridas, el amor, momentos perdidos de grandeza o de pura tontería, todo ocurre para probar los limites de tu alma.

Sin estas pequeñas pruebas la vida sería como una carretera recién pavimentada, suave y lisa. 

Una carretera directa sin rumbo a ningún lugar, plana, cómoda, segura, mas empañada y sin razón.

La gente que conoces afecta tu vida, las caídas y los triunfos que tú experimentas crean la persona que eres.

Aún se puede aprender de la malas experiencias. Es más, quizás sean las mas significativas en nuestras vidas.

Imagen: https://kaizenpeople.wordpress.com

Una historia para niños grandes

Yo era todavía un niño pequeño. Entre las muchas cosas que me deslumbraban estaba el viejo teléfono, que en la época era una antigua caja de madera colgada en la pared, con el auricular suspendido a su costado.

Lo que más me intrigaba era que en su interior vivía un pequeño genio, muy inteligente y amable que sabia todas las cosas: la hora que era, el tiempo que haría al otro día, el horario de los trenes, los teléfonos de los amigos de mis padres, y su amabilidad para decir todo lo que mis padres deseaban comunicarles.

Deseaba mucho conocer el nombre de este mago chiquito así que me puse a escuchar todo lo que mi madre le decía, hasta que descubrí que ella lo llamaba:"Informeporfavor".
Las cosas mágicas siempre tienen nombres largos, como "abracadabra"…

Mi primer contacto con "Informeporfavor" se produjo un día que nunca olvidaré, cuando mi madre visitaba una vecina y me dejó sólo por unos minutos. Yo aproveché para bajar al sótano, en donde mi padre tenía su tallercito casero. Me puse a golpear con el martillo hasta que me di tal martillazo en un dedo que este se hinchó hasta parecerse a una morcilla.

No ganaba nada con gritar como un loco, pues en la casa no había nadie para escucharme. Pero entonces... qué maravilla!!! Me acordé del genio "Informeporfavor". Subí tan rápido como pude, descolgué el teléfono y le hablé: -"Informeporfavor"-. En efecto, él estaba allí. Y además tenía una suave voz de mujer. Tal vez en vez de un genio era una genia…

En cuanto me respondió, y ya que había alguien para escucharme, me puse a llorar con todas las ganas, y como pude le conté lo que me pasaba. "Estaba sólo en la casa, y me había golpeado un dedo, y...

"Informeporfavor" me preguntó "¿Puedes alcanzar en la nevera los cubitos de hielo?". Le dije "sí, puedo". Y me explicó que los aflojara bajo el chorro de agua, que sacara uno y me lo pusiera sobre el dedo. Eso me hizo mucho bien y pensé que tal vez "Informeporfavor" había hecho un poco de magia para ayudarme.

Desde entonces yo llamaba en secreto a "Informeporfavor" para consultarla por todo: "¿Cómo se deletrea y se escribe: "fijar?". "¿Cómo se calcula el área de un cuadrado?". "¿Cuál es la capital de Bélgica?". Y en seguida,"Informeporfavor" me decía todo, con una paciencia extraordinaria y me lo repetía si era necesario.

Pero creo que la ayuda más grande que Amanda me dio, fue un día cuando mi adorado canarito apareció muerto en su jaula. Eso me dolió mucho más que el martillazo en el dedo. Llamé a "Informeporfavor" y le conté mi profunda tristeza. “¿Puede usted explicarme, - le pregunté- cómo es posible que un pobre pajarito que pasa el día cantando para alegrarnos a todos, termine un día caído sin poder moverse, en el piso de su jaula?”. Pensó un momento, y luego me dijo: "Tú sabes, hay otros mundos adonde ir a cantar"... Aquellas palabras me consolaron porque imaginé al pajarito feliz, cantando en otro mundo, tal vez más lindo que el nuestro.

Un día, cuando ya habíamos hablado algunas veces más, me preguntó mi nombre. Yo le dije "Francisco". Y ella me dijo "Me puedes llamar Amanda".

Algunas semanas más tarde, mi padre fue trasladado a causa de su trabajo y fuimos a vivir bastante lejos del pueblo en donde telefoneaba a Amanda.

En la nueva ciudad, cuando llamaba por teléfono a "Informeporfavor", me contestaba alguien que no era Amanda y a Amanda nadie la conocía. Tuve una gran pena...

Luego crecí, y me enseñaron como funcionan los teléfonos y aprendí que los genios no existían. Entonces tuve más deseos de conocer a esa segunda mamá que era Amanda.

Un día, siendo ya un joven empleado, tuve que hacer un viaje en avión y descender en tránsito cerca de mi antiguo pueblo natal. Tenía media hora entre dos aviones. Así que fui al teléfono público, llamé y pedí a Amanda. Cuando ella me respondió, le pregunté: ”Amanda, podrías decirme… ¿Cómo se deletrea fijar?. Pensó un momento y me respondió: ¡Espero que tu dedo ande un poco mejor!. Y entonces los dos estallamos en una carcajada simultánea.

Le conté mi nueva vida, mi empleo, y le agradecí todo lo que había hecho por mí siendo niño. Le dije todo lo que ella había significado en mi vida. Pero entonces fue ella la que me dijo, “Soy yo la que te debe mucho. No puedes imaginarlo: siempre soñé con tener un hijo, pero no lo tuve; y tú llenaste de manera formidable ese vacío…”.

Cuando nos despedimos le prometí llamarla cuando volviera, pues seguramente tendría que hacer un viaje similar algunas semanas después y podría ir a conocerla. Pasó un tiempo y el nuevo viaje se produjo.

Entre el cambio de aviones llamé a la central telefónica. "Amanda, por favor". "¿Es usted un pariente de Amanda?" - contestó otra telefonista.

-"No, pero somos viejos amigos, dígale que es Francisco".

Señor, me respondió la telefonista, lamento tanto darle esta mala noticia, pero Amanda falleció hace 15 días. Últimamente estaba muy enferma y trabajaba solo medio tiempo, hasta que la perdimos. Todos la extrañamos tanto!... Pero, espere un poco… ¿Usted me dijo que se llama Francisco?”.

Si, señora, Francisco...

¡Ah!, Amanda me dejó antes de abandonar el trabajo una notita para usted. Espere… ¡aquí está! Ella me dijo que usted comprendería, la nota dice: "Francisco, hay otros mundos a donde ir a cantar". ¿Usted puede comprender?”

Sí señora, - pude apenas articular- comprendo... muchas, muchas gracias y adiós. Faltaban unos minutos para la partida del avión. De vuelta hacia la puerta de embarque me di cuenta que tenía los ojos húmedos…

El Divorcio

Un anciano llama a su hijo en Nueva York y le dice:

- Odio arruinar estos días festivos, pero tengo que decirte que tu madre y yo nos estamos divorciando, 45 años de matrimonio, y tanta miseria ya es suficiente!

- Papá, ¿qué estás diciendo? grita el hijo.

- No podemos seguir juntos, la convivencia se ha vuelto insoportable, explicó el viejo padre. Estamos hartos el uno del otro.

- ¿Por qué papá?,! si estaban de maravilla la última vez que fui a visitarlos!

- Hijo, ya estoy harto de hablar de esto y es caro hacerlo por teléfono, por favor avísale de esto a tu hermana a Hong Kong.

Frenético, el hijo llama a su hermana, y ésta al enterarse explota en el teléfono.

- ¿Cómo diablos se están divorciando?, ella grita: Yo me encargo de esto.

Ella llama a su anciano padre de inmediato, y le grita:

- No se divorcien aún. No hagan una sola cosa hasta que yo llegue. Voy a llamar a mi hermano de vuelta y los dos estaremos allí mañana. Hasta entonces, no hagan nada, ¿me oyes? - gritó mientras colgaba el teléfono.

El anciano cuelga el teléfono y se dirige a su esposa.

- Lo logramos Amor, nuestros hijos estarán aquí en Navidad y se pagarán ellos el pasaje, Te amo.

Comparte Tu Maíz

En cierta ocasión un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su maíz, que ganaba el concurso al mejor producto, año tras año. El agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos.

- ¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso año tras año? preguntó el reportero.

- Verá usted, señor, dijo el agricultor. El viento lleva el polen del maíz maduro, de un sembradío a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar buen maíz debo ayudar a que mi vecino también lo haga.

Lo mismo es con otras situaciones de nuestra vida. Quienes quieran lograr el éxito deben ayudar a que sus vecinos también tengan éxito. Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. Y quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, porque el bienestar de cada uno se halla unido al bienestar de todos.

10 frases budistas que pueden cambiar tu vida

E l budismo es una de las religiones más antiguas que aún se practica y una de las que más seguidores tienen, aproximadamente unos 200 mi...